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 5. El golpe de estado de 1973 es una puesta en escena. Se pone en escena un pensamiento, en muchos niveles: en un nivel, se pone en escena la destrucción de las instituciones jurídicas y políticas que hicieron posible un gobierno socialista por la vía democrática; en un siguiente nivel, se pone en escena la disolución de lo común, de la polis en tanto ordenamiento material de la comunidad; en otro nivel, se pone en escena la producción de otra forma social, donde el individuo es el núcleo y la desconfianza en el otro es el carácter; en un nivel distinto, se pone en escena la sumisión al poder imperial de Estados Unidos; en otro nivel, se pone en escena una forma del pueblo que se caracteriza por ya no existir más. 
La puesta en escena estética es la realización de la destrucción política: la destrucción de edificios no es simplemente un símbolo de la destrucción de otras dimensiones intangibles de lo común, sino la material y concreta destrucción de la comunidad. 
Las imágenes de la destrucción de edificios institucionales era necesaria para un golpe de estado exitoso. La experiencia visual de la destrucción de lo común es necesaria como anverso del modo en que la comunidad se produce: Aristóteles ya reconoce que la comunidad aparece de forma material ante nuestros ojos en la ciudad, en sus edificios. La destrucción debe aparecer ante nuestros ojos también. En este sentido, no es mera destrucción: es, a su vez, producción de otro modo de vivir, de otro ethos cuyo fundamento es el mito de la individualidad, de ese mito que somete el carácter colectivo de la vida a la fantasía antropológica de la soledad como signo natural de lo humano.
La comunidad, a pesar de todo, aparece ante nuestros ojos. Esa es la virtud de La batalla de Chile (Patricio Guzmán, 1975-1979): la puesta en escena de los gestos previos al golpe, de los dialectos, los tonos de voz, las formas en que las personas se relacionaban. La puesta en escena de un pasado que exhibe la verdad del presente: ya no hay pueblo, la comunidad está rota. O, más bien, la multiplicación de la memoria: hubo un pueblo complejo, que persiste en nuestro presente. La batalla de Chile puede leerse como la persistencia del pueblo, a pesar de todo.
La búsqueda del culpables y la explicación de un diseño, como en La Spirale (Armand Mattelart, 1976), supone lo contrario: busca una verdad, donde sólo hay puesta en escena. Una puesta en escena no puede verdadera o falsa (quien va al teatro o al cine y se queja porque tal escena no puede ser verdad, no entiende dónde está). Lo que sí, una puesta en escena puede juntar, puede reunir lo que no estaba reunido.
Ahora te vamos a llamar hermano (Raúl Ruiz, 1971) reúne, hace un pueblo, produce una comunidad: pone en relación el gran discurso de Allende con la pequeña palabra mapuche. La hermandad se pone en escena, el gesto hace la política.

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