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6. La crisis es un tipo de fenómeno que no se corresponde con una descripción. Nunca es descrita: no hay distancia entre el fenómeno de la crisis y la manera en que es descrita. Es una especie de break point en un partido entre la realidad y el lenguaje: la crisis es descrita en el preciso momento en que comienza a existir, del mismo modo que un punto de quiebre no es más que un punto más, con la excepción de que si resulta exitoso el partido toma otro rumbo.
La crisis, como los break point muestran la estructura del juego en que son un límite: la crisis es la circunstancia que exhibe el fin de este tiempo, al menos en potencia. Es la potencia del fin, muestra todo lo que se puede acabar, sin revelar aún lo que puede venir. Exhibe la fragilidad del mundo. Por eso la crisis no es trascendental o religiosa, en el sentido que anuncia un nuevo mundo, una nueva era. Sólo se limita, la crisis, a poner en escena las relaciones que dan cuenta de este mundo.
La crisis, por tanto, no existe antes de su existencia. La crisis no es, hasta que es. La crisis sólo será vista por quienes tengan ojos para verla. La crisis aparece ante nuestros ojos, no como una idea, sino materialmente como la erupción de un volcán. Para ver una crisis hay que afinar el ojo, ya que lo que ella muestra no es la transformación del mundo, sino la revolución de los ojos: todo se ve de otro modo ante una crisis.
El ojo que ve la crisis, el ojo crítico, es capaz de ver dos mundos a la vez: no ve el futuro, sino el presente y otro presente que ya habita en los intersticios de la ciudad desde hace mucho. Es capaz de lo que aún no muere y lo que aún no nace.
La crisis, como los break point muestran la estructura del juego en que son un límite: la crisis es la circunstancia que exhibe el fin de este tiempo, al menos en potencia. Es la potencia del fin, muestra todo lo que se puede acabar, sin revelar aún lo que puede venir. Exhibe la fragilidad del mundo. Por eso la crisis no es trascendental o religiosa, en el sentido que anuncia un nuevo mundo, una nueva era. Sólo se limita, la crisis, a poner en escena las relaciones que dan cuenta de este mundo.
La crisis, por tanto, no existe antes de su existencia. La crisis no es, hasta que es. La crisis sólo será vista por quienes tengan ojos para verla. La crisis aparece ante nuestros ojos, no como una idea, sino materialmente como la erupción de un volcán. Para ver una crisis hay que afinar el ojo, ya que lo que ella muestra no es la transformación del mundo, sino la revolución de los ojos: todo se ve de otro modo ante una crisis.
El ojo que ve la crisis, el ojo crítico, es capaz de ver dos mundos a la vez: no ve el futuro, sino el presente y otro presente que ya habita en los intersticios de la ciudad desde hace mucho. Es capaz de lo que aún no muere y lo que aún no nace.
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