1.4

 1.4. El cine animado japonés (活動写真, Katsudō Shashin) realiza una operación constitutiva: emancipa al cine de las acciones y las imágenes para insertarlo en el círculo de la tradición japonesa del dibujo, en el camino de la escritura (書道, Shodō).
Con esto, el cine ya no tiene como materia prima las imágenes, que finalmente replican el modelo del logos aristotélico: su materia es la gestualidad. La escritura del cine está atada a una trama, sino a una mostrabilidad de lo efímera y deforme que es el trazo de tinta. La tinta se evapora y lo que queda es su resto seco, cuya figura no puede ser determinada del todo por la mano del escribiente. En el movimiento de pincel se juega la escritura, no en lo que queda escrito. Esto último no es más que el testimonio de un movimiento, como un gesto no es sino la memoria de los movimientos que producen una atmósfera.
Ya no es la imagen, sino el gesto. Ya no es Aristóteles, sino la milenaria práctica de enfatizar lo que no se ve de las palabras.

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