1.3
1.3. El gesto exige una atmósfera, por una parte. Por otra, clama por una puesta en escena, por una operación teatral.
El cine de operación, de dramatización, de puesta en escena (performance) explora el otro lado del planeta Gestus: mientras la atmósfera es la humedad que coordina los gestos, al mismo tiempo que es aquello que los gestos exhiben como su hábitat, la operación teatral es su diseño, modo y estilo.
Gestos, movimientos menores e involuntarias cuyo origen y finalidad son inciertas. Movimientos apenas sensibles que capturan la sutilidad de la existencia, al mismo tiempo que cargan y soportan con la existencia acumulada en la historia: portan la memoria de los pueblos. Hay, por tanto, una dimensión comunicativa inevitable de los gestos: portan y exhiben su potencia de portar y exhibir un mundo completo sin nunca hacerlo. He ahí su uso político: mirar feo sólo tiene sentido en un juego de lenguaje donde mirar feo tenga sentido y donde quien es mirado sepa que está siendo mirado de una manera en específico. Mirar feo es una interpelación a interpretar una mirada en la tradición de un cierto tipo de miradas.
El cine de operación teatral no es teatro filmado, no puede serlo. Es cine performático porque pone en escena ideas que no pueden cerrarse, movimientos que no responden a una tradición que les precede, sino que produce su propia tradición, hace una historia con el movimiento de los cuerpos: Dogville (Lars von Trier, 2003), Manderlay (Lars von trier, 2005), Holy Motors (Léos carax, 2012), The Square (Ruben Östlund, 2017), Teatro de Guerra (Lola Arias, 2018), Mutzenbacher (Ruth Beckermann, 2022).
El cine de operación, de dramatización, de puesta en escena (performance) explora el otro lado del planeta Gestus: mientras la atmósfera es la humedad que coordina los gestos, al mismo tiempo que es aquello que los gestos exhiben como su hábitat, la operación teatral es su diseño, modo y estilo.
Gestos, movimientos menores e involuntarias cuyo origen y finalidad son inciertas. Movimientos apenas sensibles que capturan la sutilidad de la existencia, al mismo tiempo que cargan y soportan con la existencia acumulada en la historia: portan la memoria de los pueblos. Hay, por tanto, una dimensión comunicativa inevitable de los gestos: portan y exhiben su potencia de portar y exhibir un mundo completo sin nunca hacerlo. He ahí su uso político: mirar feo sólo tiene sentido en un juego de lenguaje donde mirar feo tenga sentido y donde quien es mirado sepa que está siendo mirado de una manera en específico. Mirar feo es una interpelación a interpretar una mirada en la tradición de un cierto tipo de miradas.
El cine de operación teatral no es teatro filmado, no puede serlo. Es cine performático porque pone en escena ideas que no pueden cerrarse, movimientos que no responden a una tradición que les precede, sino que produce su propia tradición, hace una historia con el movimiento de los cuerpos: Dogville (Lars von Trier, 2003), Manderlay (Lars von trier, 2005), Holy Motors (Léos carax, 2012), The Square (Ruben Östlund, 2017), Teatro de Guerra (Lola Arias, 2018), Mutzenbacher (Ruth Beckermann, 2022).
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