4.3

4.3. Entertainment. Hacer siempre la misma película, por siempre. Un filme que recorra nuestro cuerpo y lo integre en un sistema de vibración que tenga por efecto las emociones y su purificación (catarsis). Lo más importante: que ese antídoto en contra del aburrimiento tenga un precio acorde al valor del dólar.

4.3.1. Benjamín Labatut, en su Un verdor terrible: «En la sala de conferencias de Múnich no quedaba ni una sola silla desocupada. Heisenberg tuvo que escuchar la presentación de Schrödinger sentado en el pasillo, mordiéndose las uñas. No pudo aguantar hasta el final. En la mitad del discurso de Schrödinger, se incorporó de un salto y avanzó hasta el pizarrón ante la mirada atónita de todos los presentes, gritando que los electrones no eran ondas y que el mundo subatómico no podía ser visualizado. "Es mucho más extraño de lo que pueden imaginar"». El problema fundamental del siglo XX es la impotencia del lenguaje, ya sea para dar cuenta del mundo y sus límites, como también para juzgar los crímenes inmensos. El mundo, sin embargo, se hace infinito ya no por arriba, sino poro debajo: no es la infinitud de Dios, sino de aquello que no podemos ver.
Labatut de nuevo: «Caminando con Bohr, Heisenberg tuvo su primera intuición de la radical otredad del mundo subatómico: "Si una sola mota de polvo contiene billones de átomos", le dijo Bohr mientras escalaban los macizos de la cordillera Harz, "¿cómo se puede hablar con sentido de algo tan pequeño?". El físico -como el poeta- no debía describir los hechos del mundo, sino solo crear metáforas y conexiones mentales». ¿Cómo producir una imagen de lo infinitamente pequeño, de eso que está justo por debajo de las líneas de la existencia?

4.3.2. La humedad de Tahiti apaga el fuego de las bombas. No hay explosión. No hay historia. Es Pacifiction (Albert Serra, 2022) el filme que -como ha escrito Ivana Peric a nombre de La Mirada de los Comunes- apaga los grandes focos de la historia: Serra se ubica antes de la historia y así libera los cuerpos de los hilos del destino. Se ubica antes de la historia y así produce atmósfera: «Y es que el cine es el único arte que, como acostumbra a decir el propio Serra, permite documentar la erosión del tiempo al producir, primero, una temporalidad distinta del tiempo de quien ve el filme y, segundo, al combinar dos operaciones. La primera es el abandono de cuerpos heterogéneos frente a una cámara que los registra en presente y, en el caso de los filmes de Serra, sin las constricciones características de un guion previamente determinado. Y, la segunda, es el anudamiento por medio del montaje de los fragmentos registrados a tres cámaras para no sólo reforzar la expresividad que ya portan, sino que refrendar un estilo que, recién ahí, los intenciona».
El retrato del tiempo sin clímax deshilacha la historia y la convierte en una expresión de la libertad: el tiempo sin clímax multiplica la humedad que exigen los cuerpos que se asoman por sobre la pandereta de la existencia.

4.3.3. Nuevamente Peric, esta vez sobre Christopher Nolan: la filmografía completa del cineasta estadounidense puede leer como un intento por dar cuenta de las teorías científicas del siglo XX. Estas teorías son intentos de transformación de la perspectiva de la realidad  Sin embargo, Nolan se queda en la dimensión hollywoodense del problema: somete las discusiones sobre la percepción de la realidad a dilemas personales, tramas de conflicto central y una teoría del tiempo lineal. Nolan no consigue mostrar las teorías con que trabaja mediante el lenguaje del cine. Precisamente por el gran problema que logra detectar Werner Heisenberg: no tenemos el lenguaje para  referir esa forma de la realidad.  
Oppenheimer (Christopher Nolan, 2023) es otro relato científico (al modo de los relatos morales de Rohmer): la historia de un hombre que dice cosas que no se entienden bien, pero que cambian el mundo. Para ser precisos, el de Nolan no es un proyecto sobre la ciencia sino sobre sus efectos en la historia industrial contemporánea. Eso sí, el producto que refiere Oppenheimer no es uno cualquiera: es la bomba atómica, aquel instrumento que acaba con toda atmósfera posible, donde los humanos ya no pueden vivir.
La reacción en cadena de la bomba atómica quema toda atmósfera posible. Es este hecho el que la inserta en la tradición del cine de Hollywood, o al revés: Oppenheimer es una nueva pieza de la larga tradición de la producción industrial, aquella de la que hizo parodia Chaplin y que Eisenstein imitó con otros fines. Es otra fotografía del matrimonio entre capital y guerra. Esa es la tesis de Nolan, un spilberguiano radical: el cine es la extensión de la guerra por otros medios. ¿Los medios? Entertainment, capital, imagen.

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