1.2
1.2. Hay una esclavitud subyacente al cine, que es la del gesto. El gesto, esclavo de la acción dramática, supone una entrega de información delimitada por las intenciones de un creador. Aristóteles en ninguna de sus obras pudo ver el punto ciego de la esclavitud, que hoy sí se aparece ante nuestros ojos. Tampoco lo pudo ver en su poética: el gesto es esclavo de la trama, del argumento, del mito (muthos).
Esa subordinación, en un sentido político, exige una emancipación (cuando el capital gobierna la trama, el gesto se transforma en un siervo del dinero, como lo expresa claramente el discurso de Hollywood). La rebeldía del gesto se articula, se coordina en una atmósfera. Eso es lo que exhibe el gesto: no un mundo, sino apenas una atmósfera.
La autora de la atmósfera es Lucrecia Martel. También lo es Alice Rohrwacher. La sumisión del guión a la atmósfera es determinante para su operación: no se trata de someter la palabra a la imagen, eso es muy poco (la imagen puede cargarse de información y tornarse rápidamente simbólica, es decir, lingüística). Concertadamente, cada elemento se somete a la atmósfera, o más bien: se lo libera de su propio destino, de su uso normal, de su orden, pero no con el fin de hacerlo absolutamente libre, sino de someterlo a otro orden, a un orden heautonómico de la libertad.
Los gestos exigen la atmósfera en la que operan. Aïcha Messina, en su Abecedario, S de Sonreír.: «Por ejemplo, el otro día estaba en una comida, vi a un muchacho y le sonreí. Esto ocurrió totalmente a pesar mío. Estábamos todos hablando, comiendo, haciendo chistes y algo en la atmósfera se distendió e hizo que sonriera. Ahí sentí que sonreír tenía que ver con fuerzas y no solo con significados, con condiciones atmosféricas y no solo con intenciones. Hay un sonreír que ocurre por sorpresa».
Esa subordinación, en un sentido político, exige una emancipación (cuando el capital gobierna la trama, el gesto se transforma en un siervo del dinero, como lo expresa claramente el discurso de Hollywood). La rebeldía del gesto se articula, se coordina en una atmósfera. Eso es lo que exhibe el gesto: no un mundo, sino apenas una atmósfera.
La autora de la atmósfera es Lucrecia Martel. También lo es Alice Rohrwacher. La sumisión del guión a la atmósfera es determinante para su operación: no se trata de someter la palabra a la imagen, eso es muy poco (la imagen puede cargarse de información y tornarse rápidamente simbólica, es decir, lingüística). Concertadamente, cada elemento se somete a la atmósfera, o más bien: se lo libera de su propio destino, de su uso normal, de su orden, pero no con el fin de hacerlo absolutamente libre, sino de someterlo a otro orden, a un orden heautonómico de la libertad.
Los gestos exigen la atmósfera en la que operan. Aïcha Messina, en su Abecedario, S de Sonreír.: «Por ejemplo, el otro día estaba en una comida, vi a un muchacho y le sonreí. Esto ocurrió totalmente a pesar mío. Estábamos todos hablando, comiendo, haciendo chistes y algo en la atmósfera se distendió e hizo que sonriera. Ahí sentí que sonreír tenía que ver con fuerzas y no solo con significados, con condiciones atmosféricas y no solo con intenciones. Hay un sonreír que ocurre por sorpresa».
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