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 8. Al estructurar el arco dramático sobre la clave de una acción principal, Aristóteles dio forma a un cierto modo de existir: existo en mis acciones, aquellas que son relevantes para la trama. La acción, por tanto, se convierte en el criterio de existencia, no sólo del individuo, sino de la polis misma. La comunidad (koinonía) se expresa materialmente en la ciudad (polis), la cual es construida a partir de las acciones (praxis) que le otorgan existencia histórica, que le dan un orden (kosmos).
En esa forma de existir aristotélica, la política y el derecho se basan en la relación entre el individuo y sus acciones, sus causas y efectos: una acción tiene efectos y responsables; la responsabilidad tiene realización y voluntad; la voluntad contiene un sentido y una intención. La cadena de pistas que hace existir el mundo a partir de las acciones. Por eso, la política occidental se basa en la idea de acción.
Una política más allá de la acción... Más bien: una política más acá de la acción, exige suspender la clave dramática de Aristóteles. Ya no es la acción principal la que organiza la historia, sino la multiplicidad de gestos inútiles, de danzas sin sentido y de operaciones menores las que forman el presente. Por esto, ya no es el gran drama ático el que presta su forma a la política, sino la pequeña cinematografía de gestos.

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