8.1
8.1. Cine de gestos. Esas acciones menores, que apenas alcanzan a existir y que existen sólo por gracia de los curiosos que se preguntan por la sombra de su existencia. Porque un gesto es mirar de reojo, pero también el vestirse de rojo en un funeral. Un gesto es el movimiento sutil de una mano que ordena el fin de una reunión, pero también es un gesto el publicar un libro en honor al dictador a cincuenta años de su obra.
El filme Mutzenbacher (Ruth Beckermann, 2022) suspende la acción principal, aplana el arco dramático y silencia el clímax. De paso, ahoga la catarsis. No se propone recrear la novelita porno sobre Josefine Mutzenbacher, sino que reconoce la operación literaria y la traduce a un gesto: convoca a una multitud de hombres para que interpreten a la putita. Filmar esta reunión es el gesto que le permite hacer política por otros medios. Lo mismo Teatro de guerra (Lola Arias, 2018), en la que la dramaturga argentina abandona el arco que le sirve de hogar a la gran acción, para emanciparse y caminar por las calles de la imposible ironía de la historia: juntar antiguos enemigos, soldados de la guerra de Malvinas, y hacerles ver algo común. Abandonar el juicio para hacer otra cosa. Los junta y revuelve hasta que sale una banda musical. Es la operación gestual de Lola Arias: suspender la acción dramática para abrir un lugar a la superación de lo posible, a la seriedad con que la historia se toma las ironías.
Es en el mismo plano que opera The Square (Ruben Östlund, 2017): que la artista contemporánea, superficial y sobrefinanciada, sea Lola Arias es una manera no dramática de marcar un punto político. ¿Cuál es ese punto? La forma de ese punto dependerá de los curiosos que se pregunten por su sombra.
El filme Mutzenbacher (Ruth Beckermann, 2022) suspende la acción principal, aplana el arco dramático y silencia el clímax. De paso, ahoga la catarsis. No se propone recrear la novelita porno sobre Josefine Mutzenbacher, sino que reconoce la operación literaria y la traduce a un gesto: convoca a una multitud de hombres para que interpreten a la putita. Filmar esta reunión es el gesto que le permite hacer política por otros medios. Lo mismo Teatro de guerra (Lola Arias, 2018), en la que la dramaturga argentina abandona el arco que le sirve de hogar a la gran acción, para emanciparse y caminar por las calles de la imposible ironía de la historia: juntar antiguos enemigos, soldados de la guerra de Malvinas, y hacerles ver algo común. Abandonar el juicio para hacer otra cosa. Los junta y revuelve hasta que sale una banda musical. Es la operación gestual de Lola Arias: suspender la acción dramática para abrir un lugar a la superación de lo posible, a la seriedad con que la historia se toma las ironías.
Es en el mismo plano que opera The Square (Ruben Östlund, 2017): que la artista contemporánea, superficial y sobrefinanciada, sea Lola Arias es una manera no dramática de marcar un punto político. ¿Cuál es ese punto? La forma de ese punto dependerá de los curiosos que se pregunten por su sombra.
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