5.3

 5.3. 1972: «Este es un gobierno de mierda, pero es mi gobierno» se lee en un cartel levantado por un obrero. El obrero forma parte de un colectivo, más grande que su sindicato y más grande que algún partido. El obrero no es un obrero, sino muchos, y la frase no es una frase: es una teoría sobre lo que están viviendo. 
Se necesitan teorías para distanciarse de la vida: las teorías son los mediocres anteojos que nos permiten ver de peor forma todo eso que, rodeándonos, nos constituye. «Lo último que ve un pez es el agua», claro, pero para verla el pez necesita una teoría del agua.
El énfasis no debe ponerse en la mierda que es el gobierno, sino en el histórico acontecimiento de que este sea "mío", "nuestros". No se trata de un emotivismo que no nos lleva a defender lo indefendible, sino todo lo contrario: es la expresión práctica de una teoría. Una teoría que legitima la práctica colectiva en sus formas más profundas: todo lo que hagamos, mientras nuestro, es mejor. Una teoría de la libertad, claro está: cualquier cosa que hagamos por nosotros mismos, mismas, es siempre más valiosa que cualquiera que hagan por nosotros, contra nosotras.

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