1.2.1.1
1.2.1.1. Una esfera es la expresión de la imposible interioridad: fuero interno, psicología, intimidad son espacios que ceden ante la presión que ejerce el centro hacia afuera. Una esfera no representa a su núcleo, sino que es su núcleo: la corteza exterior de una esfera, no es sino su tierno y frágil corazón.
El cine es la esfera del pensamiento.
1.2.1.2. El cine griego tuvo su período clásico con Giórgos Lánthimos: Kinetta (2005) pone en marcha un proyecto cínico, de exteriorización del mundo. El cine deja de dar cuenta de una sensibilidad interior a los personajes o a criterios de psicología íntima y causal. El movimiento de los cuerpos se transforma en el primer modo expresivo, dando paso a un arte de la exterioridad. Si lo que hay es solamente un mundo exterior, estamos obligados a estar con otros, como las burbujas de la espuma. El cine, así puesto, recupera la forma del mundo: exterior, múltiple y político.
Las personas interpretan roles en una sociedad que lo exige (Kynodontas, 2009; Alpeis, 2011). Entender esto, es decir tener para nuestra consideración que las estructuras de la realidad nos gobiernan, es el primer paso para dar forma a la libertad. Si es imposible hacernos solos, a nosotros mismos, es porque no hay una interioridad posible. ¿Acaso la libertad pasa por la creación de un espacio interior, de una habitación propia? Muy por el contrario, Lánthimos expresa una crítica exterior del determinismo: en las múltiples formas de nuestras relaciones con otros, en los juegos sin reglas, en las sutiles modificaciones del lenguaje, en las decisiones menores y en la suspensión del sentido. Ahí se forma una sombra de libertad.
Poor Things (2023), después del calculado trabajo de infiltrarse en Hollywood, recupera la tradición expresionista: los oscuros globos del Dr. Godwin Baxter riman con el ojo de pez que cita rareza. Las esferas no expresan lo interior, sino que no hay tal cosa como la interioridad. El cuerpo y sus movimientos no responden a una voluntad íntima ni a una psicología anterior, como tampoco un cuerpo de madre representa a su hijo. El cerebro no está al mando del cuerpo: es el cuerpo. El cuerpo no es la exterioridad del yo, pues es el yo... Lo mismo que el nosotros. Los globos del doctor, lo mismo que Maria en Metropolis (Fritz Lang, 1927): el cine es la forma de lo exterior que expresa la imposible interioridad.
El autómata es la figura propia del cine, y la razón por la cual cada filme es una breve historia del cine a la vez que un archivo del presente: sin interioridad tambalea el derecho, se difumina la teleología. La voluntad, la intención, el deseo, la causalidad, pero también la acción, el sentido y el destino se deshilvanan: se incinera el tejido de Ariadne y recién ahí el cine se convierte en el fuego de todos los tiempos.
2.2. Antígona confunde las leyes de la ciudad con las leyes del teatro: su puesta en escena trivializa el derecho vigente, al mismo tiempo que multiplica los efectos posibles de su transgresión. Condenada a pena de muerte, se suicida: no se trata de una reivindicación del derecho ancestral, sino más bien de una superación de la distinción entre esa forma del derecho y el derecho vigente. Antígona exige un derecho que dé cuenta de su gesto.
La confusión entre la transgresión y la instauración de nuevas formas da cuenta de un cierto tipo de normatividad: (1) inmanente en su emergencia; (2) performativo en su inteligibilidad; (3) político en su ejercicio. Con su suicidio, ¿Antígona está transgrediendo la fuerza de Creonte, o más bien la actualiza? ¿Consagra nuevo derecho, fracasa en su intento o simplemente choca frente al gran poder jurídico? Antígona extiende el dominio del derecho para luego reducirlo a su mínimo: el derecho encuentra sus límites en el campo de aquello que puede ser percibido y lo que no (una mujer sin hijos, una hermana transgresora), confundiéndose así con las leyes del arte. Antígona hace existir las leyes que le otorgan sentido a sus gestos, sin las cuales no hay nada sino un soplo del viento. No se trata de un derecho que trasciende a este mundo, sino todo lo contrario: un derecho que aparece en la exigencia de los gestos. Derecho inmanente, normatividad performativa cuya forma es el disenso: ¿Antígona hizo esto, o lo otro? He ahí su poder, en la pregunta.
Poor Things (2023), después del calculado trabajo de infiltrarse en Hollywood, recupera la tradición expresionista: los oscuros globos del Dr. Godwin Baxter riman con el ojo de pez que cita rareza. Las esferas no expresan lo interior, sino que no hay tal cosa como la interioridad. El cuerpo y sus movimientos no responden a una voluntad íntima ni a una psicología anterior, como tampoco un cuerpo de madre representa a su hijo. El cerebro no está al mando del cuerpo: es el cuerpo. El cuerpo no es la exterioridad del yo, pues es el yo... Lo mismo que el nosotros. Los globos del doctor, lo mismo que Maria en Metropolis (Fritz Lang, 1927): el cine es la forma de lo exterior que expresa la imposible interioridad.
El autómata es la figura propia del cine, y la razón por la cual cada filme es una breve historia del cine a la vez que un archivo del presente: sin interioridad tambalea el derecho, se difumina la teleología. La voluntad, la intención, el deseo, la causalidad, pero también la acción, el sentido y el destino se deshilvanan: se incinera el tejido de Ariadne y recién ahí el cine se convierte en el fuego de todos los tiempos.
2.2. Antígona confunde las leyes de la ciudad con las leyes del teatro: su puesta en escena trivializa el derecho vigente, al mismo tiempo que multiplica los efectos posibles de su transgresión. Condenada a pena de muerte, se suicida: no se trata de una reivindicación del derecho ancestral, sino más bien de una superación de la distinción entre esa forma del derecho y el derecho vigente. Antígona exige un derecho que dé cuenta de su gesto.
La confusión entre la transgresión y la instauración de nuevas formas da cuenta de un cierto tipo de normatividad: (1) inmanente en su emergencia; (2) performativo en su inteligibilidad; (3) político en su ejercicio. Con su suicidio, ¿Antígona está transgrediendo la fuerza de Creonte, o más bien la actualiza? ¿Consagra nuevo derecho, fracasa en su intento o simplemente choca frente al gran poder jurídico? Antígona extiende el dominio del derecho para luego reducirlo a su mínimo: el derecho encuentra sus límites en el campo de aquello que puede ser percibido y lo que no (una mujer sin hijos, una hermana transgresora), confundiéndose así con las leyes del arte. Antígona hace existir las leyes que le otorgan sentido a sus gestos, sin las cuales no hay nada sino un soplo del viento. No se trata de un derecho que trasciende a este mundo, sino todo lo contrario: un derecho que aparece en la exigencia de los gestos. Derecho inmanente, normatividad performativa cuya forma es el disenso: ¿Antígona hizo esto, o lo otro? He ahí su poder, en la pregunta.
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